viernes, 13 de marzo de 2015

El Amo Indómito

No, ya te dije que mientras sea solo pasión entre los dos aun no va a pasar nada más. Espero comprendas. Para mi hacer el amor es con amor y pasión.

Simple y llanamente no me interesa ningún compromiso contigo y no deseo tomarme el trabajo de invertir mi tiempo y esfuerzo en una relación de la que no obtendré lo que quiero, pensó. Con una sonrisa tranquila y amable; claro que te entiendo. La odió unos minutos más mientras le pedía que la abrace y se apoyaba en su pecho. Pensó una excusa para irse y comer algo solo, no quería pasar más tiempo junto a ella ni invitarle nada más por ese día. Afortunadamente recibió un sms de Guillermo que disfrazo de mensaje de trabajo y de documentos que tenía que preparar para mañana a primera hora. Pudo así librarse de ella e irse; un beso en los labios y una mirada fría de reconocimiento. Ella cerraba los ojos y él no.

Un enrollado con sopa para la mesa seis. El televisor trata de ensuciar la claridad de sus pensamientos; ley revocada y marcha juvenil, agresión a un menor por parte de su padrastro, ladrón cae en night club después de robar un millón de Hermes, líos de faldas de gente sin importancia, un culo lindo con una sonrisa fatua. Nada más peruano que informarse de banalidades mientras se come bien y barato. Viendo el pasado inmediato ella no parecía estar tan mal, tenía aun algo de labial en su mano, se limpiaba después de dejarla en su casa; era un gesto que estaba compuesto de algo de ego y otro poco de asco de ese cariño precavido y meticuloso que solo deseaba ser correspondido. Recordó otra boca... las locuras que cometió por amor. Un bocado de arroz y el sillao se escurre en su alma; busca todo lo negro y salado de sus ojos maquillados lagrimeando, de sus uñas negras sujetando su mano, del abismo oscuro que quedo en su pecho. Más arroz y el pollo enrollado calmaron todo esto momentáneamente y regresó a una mesa con un número seis bajo el vidrio, un perfume muy fuerte le despabiló de recuerdos. Era una mujer no tan joven, tenía buenas piernas.
La caminata a casa después de bajar del taxi en una noche mansa fue de introspección y humo de cigarro. Los recuerdos se entremezclan con un vaso de agua en la madrugada, con las ganas de orinar. No se podía descansar con la garganta seca o con la tinta fresca en la cabeza ¿Qué sería de su vida si le aceptase? Ella tiene el dinero que él jamás vería en su poder por merito propio. Ella le quería y ella ya no.

De nuevo una alarma ruidosa hacia alborotar la calma de todas las cosas dormidas en su cuarto, de nuevo había que enfrentarse con una cama fría y una almohada babeada que ya no olía a su cabello. Un desayuno pobre para dominar el día que se quería rebobinar hacia un tiempo cuando abría varios panes y los rellenaba de sentimientos  para compartirlos. Un café y un cigarrillo. Un reloj testigo de lo que fue y lo que ya no es, lo que nunca será. Tic tac, tic tac, tic tac. El tiempo es la avalancha de la vida y es irrefrenable; el esclavo del pasado está condenado a perecer por sus propias nostalgias. Todo tiempo pasado es mejor hasta que no se vuelve contra uno, todo estaba siendo observado por el amo indómito de la tierra, todo terminará pronto.
Las gotas caen de un caño averiado. Tenía la empaquetadura en el cajón de la cocina pero poco le importaba ese sonido agudo y perenne que hacía eco en toda la casa. La televisión prendida con sus programas de mediodía y el llanto de gente pobre ante un electrodoméstico o un puñado de soles se transmitía a esas horas, travestis construidos para el consumo masivo al lado de una ex modelo treintona, el estruendo de los aplausos y un leve dolor de cabeza le despertaron de sus pensamientos. La mesa y las sillas donde antes se sentaba a tomar jugo mirándole servirlo con gusto mientras esperaba su plato de entrada le hacían recordar que no había almorzado, era feriado no laborable y no tenía a nadie a quien llamar; sus únicos dos amigos estaban ocupados con sus familias. Tendría que ir solo al restaurante de la avenida a ver que de bueno había para  merendar… ¿Y de tomar? Una cerveza flaco.
Su celular alerto una llamada. Era ella, la que no quería, proponía salir en la noche a bailar ya que mañana era sábado y no tenía que trabajar; el tampoco pero lo hubiese preferido a cumplir ese deseo simple de compartir tiempo juntos como una pareja normal, como los dos jóvenes que eran; solteros y libres de divertirse en actividades antropológicamente destinadas más a la satisfacción femenina. Cumplir un capricho solo para demostrar que importaba satisfacerlos, recordaba esa sensación de hacer algo que no se desea solo para verla sonreír. No es fingir cuando en verdad no te importa más que estar con ella y hacerla feliz. Pero ella no era ella, así que se negó diciendo que se sentía mal de salud y que se iba a quedar en casa. Su orgullo le hizo decir tú te lo pierdes, como si en verdad supiese que todo lo que él decía como justificación era una mentira. No le importo en lo absoluto.

La tarde pasa y la casa sigue sola, no había recibido ni una llamada telefónica ni nadie había tocado su puerta. Solo su celular había tenido una llamada promocional estúpida; Ola soy Yazmín Pinedo… Cortó, ¿Quién mierda es Yazmin Pinedo? se dijo a sí mismo. La noche cayó con su velo suave y frio. Las cosas se veían mas recónditas con la sombras de los muebles. El humo de un cigarrillo parecía bailar una danza exótica mientras el espiral de la muerte recorría la casa para buscar un eje. Aun no era tiempo.
Se decidió en darse una ducha, ponerse una camisa y salir a caminar por el centro, nadie vendría a visitarle y a nadie le importaba si desperdiciase unos soles en una noche de viernes. No era tan viejo como para pedir una pizza delivery y comerla mirando películas en TCM. Tomó un taxi y con el poco trafico de esa noche, en veinte minutos ya estaba caminando por Quilca. La juventud apilada en unos pocos metros, dejando la vida correr entre una de tantas veladas de alcohol y bullicio despreocupado. El tiempo era blando con ellos y no como el cruel amo bajo el que su casa se encontraba en total dominio.  Se encontró con un amigo de la universidad y este le invito a unirse a su grupo para conversar y disfrutar de unas cervezas.
Se despertó y ya eran las 11am. No sentía mucha resaca, solo sed y ganas de orinar a la vez. La casa seguía como la había dejado; tic tac, tic tac, tic tac. Mientras ponía la cafetera recordaba lo que la noche anterior le decía su amigo cuando le escucho auto lamentarse de su dilema… perdóname pero eres un completo huevón ¿Acaso no se caga en plata? Hazle un hijo y asegúrate, ya después puedes divorciarte pero primero párate bien; con un hijo no vas a dejar de tener su auspicio. Tu hembrita ya debe estar con otro...

Un cigarrillo y la sospecha de que algo andaba mal. Tic tac, tic tac, tic tac. El tiempo dominaba esa casa, el reloj testigo de sus anteriores alegrías y emociones positivas ahora presenciaba su angustia, su inmensa soledad y no se apiadaba. El mundo seguiría girando así se mueran cada uno de sus parientes y se extinga por completo de la faz de la tierra su estirpe. Nadie se daría cuenta que faltase mientras tuviese página de facebook. El café y el cigarrillo descansaban la presión de la vida pero el tiempo volvía a ajustar las manijas de tortura. Tic tac, tic tac, tic tac…tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…

¿Dónde estoy?... En un hospital… ¿Qué paso?...Tuviste un infarto cerebral por tu alto consumo de cigarrillos y por la tensión que sufrías, entraste en coma…Tengo que llamar a mi trabajo y avisarles lo que me ha pasado…Estuviste en coma catorce meses…¿Alguien pregunto por mi?...Tic tac, tic tac, tic tac.



En un calabozo de la ciudad de Morales – Tarapoto

Policía: Será mejor que nos diga que paso señor Guillermo, las cosas se complican cada vez más para usted… Guillermo miraba el piso tratando de recordar exactamente cada detalle pero el calor era demasiado y por momentos se perdía pensando en lo fétido que era su olor a sudor, a sudor de miedo…
Hacia unos meses que Guillermo y C eran enamorados. Si bien ya se conocían de tiempo recién en los dos últimos meses habían decidido a convivir. Como todo lo nuevo que se empieza, su relación estaba llena de sorpresas del uno para el otro y no había espacio para malos momentos. Guillermo, había hecho la tarea para sorprenderla aún más y  guiándose  por el horóscopo encontró el tipo de personalidad de C;  según los astros era un espíritu libre, amante de la naturaleza, exploradora y aventurera. Fue con esa idea que le planteo el viaje a Tarapoto, pero no sería un viaje más en un tour como todos, sino estaría lleno de aventura y naturaleza. Dijo que si antes de que terminara de contarle todo su plan.

Guillermo: Señor, como le digo, buscábamos un tour diferente, estos en la naturaleza, los que llaman Logde, la pagina está en la web;  Aldea Miskiyaku ¿Ya lo busco?
Policía: (Sonriendo) Como usted es tan listo (tono irónico), imagino que ya sabía que esa es la famosa ruta del Ayahuasca ¿No?...

Desde que llegaron al aeropuerto ya se veía todo increíble; el calor, todos moviéndose en moto, la vegetación, la gente amistosa. C parecía una niña diciéndole mira amor a cada  cosa que le llamaba la atención. El camino a la aldea donde se alojarían era toda una aventura, viajaron casi una hora por una carretera sinuosa sin asfaltar, y al llegar al Pueblo de San Roque tuvieron que caminar por media hora adentrándose en la montaña entre la vegetación, acompañados por una aldeana que hablaba en dialecto. La aldea misma era un paraíso, bastaba con ver la expresión de C para darse cuenta, al pie del rio, con caminitos misteriosos que les llevaban a su cabaña, una casa más grande en medio donde vivía Ana, la dueña y otras personas, todos extranjeros, que desde el primer momento le causaron desconfianza, sentimiento que trataba de cubrir con cualquier otro pensamiento positivo…serán admiradores de la naturaleza quizá…

Policía: Usted menciono a uno gringos: Daniela, Belucin, un tal Antonio y otros que no dio nombre. ¿Quiénes son Guillermo?

A su llegada, C se había hecho amiga de Ana y desde el primer momento habían sintonizado en ideas y se llenaban de halagos continuamente (que lindo lugar, eres muy guapa, etc). Ana les presento a Daniela (Germ) y Belucin (Fran) quienes eran sus huéspedes desde ya hacía tres meses, ellas se encargarían de Guillermo y C durante su estadía.  Esa primera noche las extranjeras cocinarían potajes para la pareja, los que más la sensación de aislamiento convertirían la velada en un torrente de pasión. El sexo fue intenso y continuó durante horas solo descansando para tomar más de un jugo entre ácido y amargo que Belucin les había preparado. Ya entrada la noche y mientras C se rendía a los brazos de Morfeo, Guillermo escucho a lo lejos un ruido grave que reconoció de inmediato como unos tambores. Pensó en acercarse pero venía de muy lejos donde apenas se veía una fogata…

Guillermo: Señor, ya le dije sobre ellos, ¿por qué no busca en migraciones? De alguna manera debe estar registrado su ingreso al país.
Policía: Ya lo hicimos amigo y nadie tiene esos nombres…

El segundo día sería un recorrido por el paraíso. Daniela y Belucin los guiarían a ver las cataratas  y les llevarían en balsa río arriba donde había unas pozas para nadar. Gran sorpresa fue para Guillermo que al llegar las dos guías se desnudarían por completo y ver que C, como hipnotizada con las nuevas amigas, no dudaría en desnudarse y nadar junto  a ellas; era extraño para Guillermo quien tenía un concepto más recatado de C. Al cabo de un rato  estaban las tres echadas sobre las piedras completamente desnudas tomando sol;  le fue imposible no ver el cuerpo de Daniela, blanco y curvilíneo, voluptuoso pero sutil a la vez, con bellos dorados que cubrían su sexo, pezones rosados y caderas prominentes. La tentación sobrepasaba a Guillermo y decidió alejarse lo más que pudo de  toda esa sensación que ya no podía ocultar.
Se alejó con la cámara dentro de la montaña siguiendo un rastro de ceniza que parecía haber querido ser borrado; diviso una pequeña cabaña oculta en la hierba densa, su curiosidad fue tal que no pensó en el peligro y comenzó a aproximarse de prisa. Cuando estuvo a unos metros una mano suave y sigilosa le tomó del brazo con fuerza; ¿A dónde vas? –Con ese dejo Tosco de quien ha aprendido el español – Era Daniela que aún estaba desnuda, Guillermo solo la miraba hipnotizado por sus grandes ojos verdes y sus pechos, pechos que ahora se veían inmensos.  Se le fue acercando sin que pueda  (o quiera) resistirse hasta sentir sus labio calientes estrellarse con los suyos, sus lengua era una serpiente en celo moviéndose dentro de su boca, la abrazó fuerte por las caderas empapadas en sudor y la tumbo al suelo cubierto de hierba y lodo, intento penetrarla pero ella no se lo permitió. Al notar su incomodidad bajo hasta su miembro que lo ingirió de un solo movimiento, su boca parecía hecha de lava y su lengua, un látigo suave y firme a la vez. Aprisiono su cabeza entre sus rodillas pero el movimiento era intenso y largo. En ese momento escucho a lo lejos la voz de C que se acercaba buscándolo, no pudo contener más la mezcla de sensaciones y exploto en la boca de Daniela que salió rauda y se sumergió en el rio desapareciendo. Guillermo se quedó sentado esperando bajar su estado febril hasta que C lo encontró. Me siento mal – dijo con la mirada de niño pidiendo disculpas- C sabía cuándo mentía  pero no llegaba a entender que había sucedido. Al notar el bulto en sus shorts dedujó que se había estado masturbando y para no avergonzarlo no le hizo más preguntas aunque le era imposible quitar la expresión de decepción que se había marcado en su rostro.
Esa noche fueron nuevamente atendidos por sus anfitrionas, esta vez vestían unas batas blancas casi transparentes. Al llegar al comedor junto a las hamacas reconoció la figura de un hombre alto,  flaco, rapado, ojeras muy marcadas y tenía entre sus manos un tambor que parecía estar reparando. Se levantó y se retiró sin decir una palabra, al rato y sin hacer ruido volvió a aparecer y se presentó - Hola, soy Antonio - Guillermo sonrió sin querer mientras sintió la dureza de su mano al saludar, al voltear vio a C quien parecía estar asustada pero se le pasó y siguieron cenando. C parecía sospechar de algo, incomoda  y sin ganas ni de hablar se fue a la cama donde volvió a caer dormida casi de inmediato. Pasadas unas horas Guillermo volvió a escuchar los tambores pero esta vez avanzo todo lo que pudo en la oscuridad para ver de donde provenían.
A lo lejos pudo ver a dos hombre jóvenes con el torso descubierto, con ellos reconoció a Antonio que parecía vestido entre sabanas de colores y a Belucin aun usando la bata blanca casi transparente. Todos estaban sentados sobre sus rodillas mientras Antonio parecía estar recitando unas oraciones al tiempo que llevaba un tazón de barro en sus manos,  después de unos minutos les dio de beber a los jóvenes el líquido que había en el tazón. Al cabo de un momento  los hombres se levantaron y a la orden de Antonio despojaron de su ropa a Belucin que aun permanecía en trance, uno de los sujetos tomo lo que parecía pintura roja y dibujo una cruz sobre el pecho de la chica, ella se despertó casi al instante y comenzó lo que a Guillermo le pareció más una orgia que un ritual, los dos tipos jóvenes penetraban a la chica mientras ella le hacía felatio al curandero. Después de minutos, que a Guillermo le parecieron una eternidad, Antonio tomo un alambre de púas pequeño que terminaba con dos troncos amarrados a cada extremo, se coloco detrás de la mujer que estaba de rodillas y sin que ella se inmutara lo puso en su cuello y empezó a moverlo frenéticamente. Era Belucin y no oponía resistencia mientras la sangre brotaba a borbotones bañando todo su cuerpo. Guillermo estaba petrificado hasta que escucho un ruido cerca… era Daniela -¿Qué haces?- preguntó. Pensó en decirle para huir pero al ver su mirada de inmediato supo que estaba con ellos.

Policía: Dime que paso.
Guillermo: Fue en ese momento que corrí hasta la cabaña, pensé en juntar algo en la maleta o buscar mi navaja pero el miedo pudo más. Tome a C de un tirón y comenzamos a correr, ella aún no  se despertaba del todo y llevaba puesto un bividí rosa y un calzón negro, las plantas arañaban sus piernas y quería detenerse pero no la deje. Creo que corrimos por más de una hora entre las ramas sin saber a dónde íbamos. Al rato me pareció ver una luz y pensé que sería la carretera pero fue ahí que C resbalo y comenzó a caer, trataba de llamarla, de gritar, pero no lo hice para que nos descubrieran (y se sintió egoísta mientras lo decía). Escuche el sonido del agua, como si algo grande hubiera caído al rio. Me acerque lo más que pude y vi una barca pequeña, en ella estaba Antonio y uno de los chicos remaba, llevaban a C desmayada sobre la balsa, me vieron y solo pensé en escapar (ahora se sentía cobarde).
Policía: Hijo, será mejor que comiences diciendo la verdad…Hemos encontrado el bividí rosa y un calzón negro bañados en sangre junto a una cuchilla que parece te pertenece.
Guillermo: (Las lágrimas se le caían de los ojos) La cuchilla la deje en la cabaña…  Lo decía como balbuceando.
Policía: Además de sangre había semen en la ropa, tu semen…Y pensó en Daniela pero no lo dijo, aceptaría todo menos que la traicionó aunque sea por un instante.

Guillermo fue condenado por el crimen a 15 años. Con la ayuda de familiares y un apellido que lo asociaban a un ex presidente pudo salir en 8. En cuanto salió solo atino en buscar a Mendieta, un amigo suyo de tiempo  que le brindo casa, atención  y alcohol. Pasaron largas noches hablando de lo sucedido y por más que Mendieta quería creerle aun le era difícil -¿Por qué no volviste y la buscaste?- le decía;  y aunque no era su intención no dejaba de sonar a reclamo . Guillermo sabía que él alguna vez había sentido algo por C por lo que entendía su pena y aceptaba sus dudas. Una noche que salió a caminar hasta el amanecer se enteró de la extraña muerte de Mendieta y espero hasta que vuelva a  anochecer para sacar sus pertenencias del departamento y huir del lugar. No quería ser vinculado.
Con un poco de dinero partió a ese pueblo en el que había dejado su mujer y su vida. Camino días en la montaña tratando de encontrar la aldea, nadie le daba razón y después de una semana  (sin saber cómo) llegó. Caminó por donde hace 8 años atrás y no le basto mucho esfuerzo para encontrarla. Vestía una bata blanca casi transparente y cargaba dos niños, uno en cada brazo. Al verla lo único que sentía era una mezcla entre pena y odio pero sin embargo se le acerco y poso su palma sobre su rostro como antes lo hacía, ella sonreía con la misma alegría que cuando comenzaron el viaje. Guillermo entro en pánico, no estaban solos, había mucha gente en esa aldea pero nadie parecía darse cuenta de él. Le pidió que le acompañe al comedor y estaba ahí, junto a las hamacas donde le vio por primera vez, extrañamente se le veía más joven que antes. Guillermo le vio a los ojos y levanto el machete que llevaba…

Antonio: ¿Cómo has estado?  - y su mirada transmitía una paz que Guillermo no quería en ese momento. Ya la has visto ¿Verdad? ¿Has visto lo feliz que es?… Guillermo, tu cumpliste tu misión… tu misión era traerla hacia nosotros y ya te habrás dado cuenta que somos una familia, todos ellos son mis hijos y los niños que ella carga también. Muy bien sabias que lo que ella realmente añoraba es vivir en familia y tener hijos ¿Tú que le puedes dar si estas lleno de miedo y preocupaciones sin saber hasta ahora el porqué de tu existir? Pensando en dominar el mundo cuando no dominas ni tus sentimientos. Ella quiere ser madre Guillermo y tú no puedes tener hijos…Lamento que haya tenido que ser así pero era la única forma.

Todos esos años había planeado como vengarse, que decirle y hasta como destruir cada pedazo de su integridad pero sus palabras eran todas ciertas, sabia más que el de sí mismo. Agacho la cabeza… algo se le ocurrió y una sonrisa iluminó su rostro, era el as bajo la manga que casi había olvidado; ¿Y Belucin?–lo dijo nervioso, en tono bajo pero seguro…Como iba a poder explicar esa masacre, pensó.

Antonio: Claro, Belucin… Como ya te he dicho Guillermo  somos una familia y solo nos tenemos a nosotros mismos.  Como veras, la única forma de sobrevivir es prolongando nuestra especie lo más que podemos y Belucin, con mucha lástima, no podía ser madre. Ella entendió que tenía que sacrificarse por nosotros, por C.  Lo que viste fue un ritual de auto sacrificio, y los tambores sonaron para que tú vengas solo tú… Perdóname Guillermo, siento que haya sido de esa forma.

Su odio se transformó en pena y su pena en compresión, se dio media vuelta y avanzo hasta donde ella le esperaba sentada cargando  aun a sus dos hijos. Le abrazo y vio un par de lágrimas en sus ojos -te amo –le dijo y se fue por donde había llegado mirando mil veces atrás tratando de grabar su imagen en su retina. Años después, lleno de poder, mando a quemar la aldea pero ya no había nadie ahí (ellos lo sabían). Desde ese momento vagaba por el mundo de montaña en montaña por los caminos más recónditos y alejados tratando de encontrarla sin saber qué haría si eso sucediera.






El anterior relato ha sido escrito por un amigo de Gonzalo Gozza. 

martes, 24 de febrero de 2015

The Jerry Lee Lewis's Heart is Breaking


https://www.youtube.com/watch?v=1GWkJlnQ1i4



Nadie sabrá nunca que mi corazón se está rompiendo
Aunque un millón de lágrimas empiezan a fluir.
Voy a llorar solo para dormir y despertar sonriendo.
Te echaré de menos, pero nadie lo sabrá nunca.

Les diré que nos cansamos el uno del otro.
Y nos dimos cuenta que nuestros sueños nunca podrían ser.
Incluso haré creer que nunca te amé
Entonces nadie sabrá la verdad, yo si.

Nadie sabrá nunca lo mucho que estoy sufriendo.
Cada vez que el pasado vuelve a atormentarme así
Nadie va a ver las lágrimas que estoy escondiendo
Tú me has hecho daño pero nadie lo sabrá nunca.

Les diré entonces que encontré el verdadero amor con otra.
Que me alegró el día que me liberé de ti.
Incluso haré creer que nunca te amé
Entonces nadie va a saber la verdad, yo si.



Hank Williams(1923 - 1953) - No one will ever know (1957)

La Estrella del Diablo


¡Ándate a la concha de tu madre con tus prohibiciones y tus lágrimas de mierda!

Con esas palabras salió de la casa de ella y nunca más volvió, con esas palabras se sentencio a sí mismo y continuo con su autodestrucción.
Como les pasa a los bebedores medianamente exitosos; le alcanzaba el dinero para comer y tomar perdiendo el buen gusto y los modales a partir de las diez de la noche. Vivía solo en un departamento alquilado y los días que pasaba en solitario eran los más decadentes; no se bañaba ni se afeitaba y la misma ropa con la que andaba era con la que dormía. Eran fines de semana y feriados no laborables cuando seguía este patrón; salir del trabajo directo a una licorería cercana a su casa después de pedir algo para llevar y comer en el camino.      
Su cuarto y la sala amanecían con recipientes descartables, restos de comida, colillas de cigarro en la mesa, en las sillas o en la cocina, uno que otro escupitajo en el piso, la ausencia total de orden o cuidado hacía creer que en esa casa una mujer no había puesto pie en mucho tiempo pero eso era falso. Varias mujeres habían puesto el pie y más que eso, las recogía de alguna licorería en su regreso de alguna expedición por cigarrillos o por la última botella de la noche, en su mayoría chicas ebrias o prostitutas. Estaba tan intoxicado algunas veces que ni siquiera las follaba, se dio cuenta que la libido no podía materializarse cuando ya tenía más de botella y medía encima así que buscaba alguien con quien seguir tomando para poder dormir acompañado, para no tener que levantarse solo en una casa inmunda. Un pretexto para follar en las mañanas y así sentirse un hombre normal, con costumbres normales y con cabellos largos pegados en su ropa interior. Claro está que sufrió algunos robos nimios: su reloj, un par de billetes, una casaca, la comida que había guardado para la noche… pero eso que importaba con tal de poder reconocer un ser humano al despertar, con tal de tener a una mujer después de vomitar y de sentir el enjuague bucal. El enjuague bucal era el antídoto del olor a mala vida.

Las cosas en el trabajo no iban tan bien por las tardanzas y descuidos en el aspecto personal pero ya había sido nombrado, así que no se preocupaba mucho de la estabilidad, además tenía amigos bien colocados; otros alcohólicos consumados que no tenían miedo de cambiar el mundo por una botella. Todo seguía un curso tranquilo, destructivo pero tranquilo, ya nada rompía la rutina de ebriedad total de fin de semana y de ebriedad leve y disimulada en los demás días. 
Ese tío sí que apesta, ¿Es qué ese tipo sigue aun con vida? ¿En qué área trabaja que nadie le ha oído hablar jamás? Buenos días Sr. Mendieta. Un día más en esta vida de mierda…Buenos días. El día transcurriría calmo y sin novedades cumpliendo lo requerido sin ánimos de ser mejor persona. Las horas se tornaban sombras erguidas pasando por el vidrio de su oficina hasta el momento en que la ausencia de ellas hacía notar que ya era momento de la salida, de manejar lejos de allí.
Parado en un malecón al borde de su cordura en el océano del tiempo, viendo como el bailoteo de las olas siembra una distancia entre el hombre que fue y el hombre muerto que andaba con sus trajes puestos. La estrella que miraba era un astro errante que encontró de nuevo su camino dejándolo sin guía. Una foto en la cartera, una canción de la radio le devuelve de nuevo a esos tiempos en que no bebía para tolerar sino para celebrar la vida. El perentorio nacimiento del amor en una lejanía que hace que las cosas que se vivieron parezcan solo haberse soñado. Esos cabellos largos que le fastidiaban al dormir juntos, escrutando sus poros y creando una conexión latente con los latidos del otro corazón, casi el mismo sueño en paralelo pero en diferentes versiones, estar juntos para siempre.                        
De vuelta al coche ya con otra canción ambientando todo. Era momento de buscar una botella más para ir a beberla a solas, un pisco Italia y el aroma de una fiesta inalcanzable con la familia que ya no le quiere ver, un sonido seco en un cuarto oscuro con una luz muy tenue. Esta vez un grupo de muchachos estaban afuera del local haciendo la junta para lograr comprar alguna botella barata con que montarse una alegre cogorza. Eran chicos y chicas; parecidos ellos en su espontaneidad y risas al grupo que frecuentaba cuando estaba en la universidad o en la academia, todos despreocupados y libres en su búsqueda de aventura sin sentido. Nostalgia de un tiempo que no aprovecho mejor… todo estaría bien después de media botella. De salida una de las chicas se le acercó para pedirle unas monedas, le dio cinco soles y se gano así una sonrisa de agradecimiento; no le importo en lo absoluto. Se fijo en los detalles de su pelo teñido y sus lentes tipo Roy Orbinson, la forma en que ella vio su tormento como algo excitante quedo en el aire. Siguió de largo, abrió la puerta de su coche y enrumbó a casa, manejo completamente consciente de una posibilidad con esa muchacha y aun así bebió con la misma convicción con que lo había hecho horas antes. Es solo un momento el que nos destruye por completo y manda a la borda nuestra voluntad, un pequeño extracto de tiempo que se estira conteniendo la imagen de las cosas buenas, volviéndolas una masa uniforme de paranoia. No se muestra dolor cuando se está muriendo. 

La sorpresa de una nueva mañana, la luz incesante que siempre se las arreglaba para entrar por su ventana entre las cortinas, el orden estaba deshecho en la ropa y las sillas. A medida que la luz invadía el espacio se podía hacer una breve descripción de los hechos. Cada quien se da cuenta que respira y se miran a los ojos, una sonrisa, un buenos días. Lo primero que viene a la mente es que siendo el anfitrión tiene derecho sobre esa vida, está bajo su responsabilidad darle buena atención; la cintura lozana y carnosa de una joven, el olor a mujer y a cabellos de un shampoo que no usaría, el rostro joven que no envejece con los excesos y que sigue el camino de unas curvas blancas de piel firme que sin buscar la perfección la encuentra. Es la juventud que dejo partir y había traído un obsequio. Trato de recordar como se había formado esa escena y encontró un voucher en la mesa, hora 2:38 am. Compró un paquete de cigarrillos y trajo algo más a su casa; pero ¿Cómo había sido el desenlace? ¿Qué logro decirle en su borrachera cuarentona? ¿Acaso importaba? Unos pasos a tientas entre las cajetillas y las colillas para llegar a la nevera donde tenía algo de jugo de naranja, un par de vasos y la amabilidad aun registrada en su interior. Sírvete, debes de tener sed... Gracias. Toma el contenido muy rápido y mira alrededor. ¿En qué casa terminé? ¿No es este tío el de ayer? Era tan hermosa y despreocupada, tan libre y sin intención de quedarse que uno podría hacer lo que quisiese con ella si se lo proponía, era un capullo aún cerrado a la madurez, era la exacta medida del sueño y estaba desnuda, con su cuerpo recostado y descansado, como si nada hubiese pasado el día anterior y hubiese despertado de una siesta de muchos años, con el sexo depilado y la piel suave, barritos en la espalda y unos senos muy firmes, muy reconfortantes. Naturalmente hicieron el amor y luego se ducharon juntos, música de Duke Ellingthon sin que ella supiese quien es. Salieron a almorzar y después a la estación a embarcarla. El día transcurrió en paz, no se bebió más durante el fin de semana. 

La semana volvió a empezar dentro de su oficina con un poco de vodka con jugo de fruta y un mejor semblante, las cosas habían cambiado en cuestión de ánimo y el tiempo ya no era tan denso; se añoraba el fin de semana para poder escapar nuevamente a sus botellas, a su oscuridad, a las caminatas dentro de una terraza abierta con la noche llena de ecos, a los sonidos de la marea de vientos que acariciaban las casas, el edificio y los árboles para llevarse un poco de esencia dentro de ellos, donde la luz es tenue y solo la luna refleja la caída de todos los sueños de vida eterna, los crímenes y la parte negra de la vida, las uñas sucias manchadas de un rojo vivo y caliente, recordaba lo que había vivido, lo que había perdido; con tanta boca abierta rodeándole no tenía más miedo que sentir. Con que intensidad brilla la luna cuando no se tiene piedad de sí mismo. Eran tiempos tranquilos los de ese instante, solo recordaba bebiendo.  Había que terminar pendientes, aún estaba en el trabajo y ni siquiera era hora de almorzar pero se alimentaba con un termo lleno de whiskey con leche.                 

Después de que la semana transcurrió fue a su casa a embriagarse y se quedo dormido temprano por atiborrarse de hamburguesas y papas fritas. Una llamada clandestina de madrugada, una voz conocida de mujer joven, un olor a vulva frutada, la caída de sus pestañas cerrando las puertas del tiempo: Que la recoja, que está por la principal. Será la vez que perdería por completo la fé en las cosas y la depositaria en su capricho. Las luces de la noche, las estrellas de neón que gobiernan los caminos del inconsciente, llegó a su encuentro y le subió al auto; botas y un vestido, un único respiro para poder besarle, su olor a fertilidad y a esencias, el comienzo de una velada de risas y licor, cariños comprensivos y algunos otros con fuerza animal. La juventud de ella permitía el exceso de él. Dos avenidas, un semáforo, luces intermitentes, la path: Estaciónese a la derecha. No había ningún problema, tenía todos los documentos y había estado durmiendo antes de salir. Un tufillo ínfimo que trataba de disimular con serenidad y colaboración: Tranquila, no pasa nada, obviamente pensando en un par de billetes por si había algún proceso engorroso que evitar. Buenas noches, dígame... Que había operativo, que es de rutina, ¿Qué si había bebido ud?, que le permita sus documentos… Una revisión laxa con su compañero en la camioneta, unos minutos mientras trataban de buscar algo de que prenderse y aplicar justicia. Las negativas con toda la seguridad de que no había cometido falta alguna, de que no presentaba ninguna irregularidad y de que estaba en todos sus cabales hicieron desistir al policía de seguir presionándole, miró las piernas a su acompañante con su linterna. Tuvo que mostrar su rostro rígido y grasiento de mamífero esclavo de un amo, de bestia de alguien más. Le devolvió sus documentos y se retiro a hacerle exactamente lo mismo a algún despistado y asustadizo insomne. La carretera siguió con sus luces en silencio un pequeño instante. Se vieron a los ojos... Estaba en una fiesta pero deseaba verte... que descarado ese policía... Risas cómplices. La curva de la muerte hacia una nueva noche de vasos llenos y de besos dulces, besos fuertes, besos de mentira y de verdad. 
La luz de una sala y el sonido de una puerta cerrarse. Ella camina directo al baño dejando su casaca jean en la mesa, el recoge la basura rápidamente para que no se vieran tan desgraciados sus días, unas bolsas de plástico, licor y cigarrillos, hielo y agua mineral, una cintura suave y una carga irresistible de manipular. Tener sentimientos de nuevo y la sensación de bienestar al ser correspondido, algo está pasando cuando la hace suya, algo esta uniéndose entre ellos dos y sus fluidos… es la parte agradable de la vida; no se necesita nada más que amor.

Las mujeres cuando lastiman sienten que equilibran las cosas. Sienten que les pertenece ese sufrimiento y tienen que desembocarlo para poder dormir tranquilas ¡No creas en su llanto! La amistad de Guillermo y unas palabras toscas entre copas de vino, el buen semblante por tener una pelea con una chiquilla y saber que se reconciliarían le hacía verse más joven. El vino amenaza con transformar las preocupaciones en ironía sin sentido, volverlas algún relato entre rostros añejos por la sal del tiempo. Tendría que sentir ese pequeño consejo como algo proveniente de una persona que le estimaba, que quería su bienestar pero ya se encontraba bajo un hechizo, ya no quería detenerse en el compromiso tácito de quererse. Un poco más de vino con la esperanza de alcanzar el fin de semana para poder librarse de las preocupaciones banales de la organización. La asociación entre personas disimiles por una circunstancia meramente laboral le había dejado de interesar hace mucho. Trataba de concluir lo antes posible para poder estar libre y lejano, para poder beber de la juventud ajena y ser de nuevo fresco, despreocupado.

En el último día de su vida no pudo dormir bien. No podía dejar de soñar con lo que había perdido. Con las vidas iguales a las que él tenía. Era un puñado de fuerza bruta que aun no había podido disfrutar de las cosas triviales del sistema o si lo habían hecho, aún se aferraban a mantener la vida dentro de sus cuerpos agrios y ajados. Habían esperado todas esas horas y no merecían el destino que tuvieron que enfrentar, no mereció sobrevivir para derramar cada instante en una caída libre hacia el suave terciopelo infernal... No debió salir de su casa, haberle insultado a punto de redimir su tragedia gracias a su amor, no se puede huir del destino, del cielo te caen los clavos. Pero de nuevo tenía otra oportunidad, todavía se podía salvar. Las ternuras que tanto añoraba ahora provenían de un nuevo amor pasajero que no tenía reparo en admitir eterno, quería estar con ella por siempre, darle todo lo que podía y cumplir sus deseos, no cometer el mismo error.
La oficina esta vez tuvo menos acción que de costumbre y no había mucho por hacer. Tuvo tiempo libre y el cruel insecto del remordimiento anidaba en su pensamiento, sembraba huevecillos de un amargo desconcierto; no era ella, no, ese amor certero que se hunde en lo más recóndito de nuestro pasado para perdonarnos, ella ya no estaba más, ya la había perdido. Pero ahora no estaba mal, no le importaba vivir el resto de sus días y tolerar, como las mujeres, lo conveniente en vez de elegir lo real. Se lo diría, le diría que la amaba.

A la salida del trabajo subió a su coche y emprendió camino hacia unas latas de cerveza helada. Lo necesitaba para apagar ese chirrido insoportable de haberse dado cuenta de un error aun no enmendado. En un semáforo en rojo un mimo empezó a hacer maromas en el paso de cebra. Una gran incomodidad por tener que presenciar lo que él siempre considero una arista menor de la actuación, el ridículo expresionismo de un payaso en blanco y negro. Al acercarse a su ventana para pedir apoyo tuvo compasión, cogió unas monedas y con mano extendida se las dio… Gracias Mendieta... unos ojos rojos le erizaron la piel. ¿Quién es usted? Los cláxones de los conductores y la sonrisa maléfica detrás de un maquillaje perfecto, unos colmillos marcados y orejas con vellos anormales. Apretó el acelerador y continúo sin mirar atrás, no podía comprender si lo que había visto era o no algo de temer, pudo ser solo algún disfraz burlón de un actor callejero, una persona que alguna vez conoció y que no recordaba. El corazón como un motor y el sudor frió descendió por su espalda como una lagrima de vidrio. La cerveza calmo en algo esto, solo un poco.
Llamo por teléfono y la escuchó, le pidió que viniese a su casa y así lo hizo ella, se besaron intensamente antes de hacer el amor, tuvieron el instante de equilibrio que es símbolo de entrega y de fin de búsqueda. No había cosas difíciles por lograr, solo dinero y entretenimiento. Ella le pidió una toalla para poder ducharse mientras él salió del cuarto para la cocina a prepararse un trago. El sonido de la ducha y la música que habían puesto fue muy conveniente para lo que iba a acontecer, il trillo del diavolo, el vapor lleno el cuarto de baño y ella se relajo.  

¿Me recuerdas Mendieta? Volteo sorprendido hacia la ventana abierta que ya había percatado como fuente de un viento gélido y anormal en esa temporada del año. El mimo erguido con andar lento se le acercaba nuevamente con esos ojos rojos que había guardado en su interior por el bienestar de la nueva vida que había elegido desde ese día. Yo no te he olvidado... Es mi estrella Algol la que perdiste del firmamento en uno de mis ciclos ya conocido por los antiguos, son los ojos de la Gorgona que han venido a reclamarte con justicia por lo que cometiste hace años, por el camino que elegiste. El vicio es mi más común denominador y tú eres cómplice en mi carrera a la desventura del mundo… Petrificado por el miedo y totalmente consciente de lo que merecía observó sus propias manos sudorosas por última vez y sintió el aliento pestífero, miro las pezuñas hendidas de su inesperado invitado al caer. Al salir de la ducha lo encontró en el suelo tendido y desprovisto de toda vida, la ventana abierta movía las cortinas en una danza frenética y la luz de las estrellas hacía una noche especial. 






Algol en el Calendario de El Cairo.

viernes, 6 de febrero de 2015

Mis Centurias

Tu cuerpo,
tu sangre fluyendo cerca mio,
una referencia a la paz, a la oscuridad del mar.
Tus labios,
desenfreno carmesí de una fuerza divina
y mis manos reencontrándose con el universo en tu piel.
El alba es tenue,
confluyendo con nuestro deseo de poseer lo del otro.
Un grito silencioso mientras extraigo de ti el sabor del tiempo a la inversa.
Un suspiro y quedo bajo tu trance,
amor joven dentro de mis centurias.



Los Imprudentes

La gente como nosotros no teme al infierno,
Nos condenamos con nuestro amor y dejamos la lluvia lista
Para anegar la paz de los demás en la ciudad.
Tomamos el mundo,
Le manchamos de trementina
Para lucir el color que queremos vestir.
La frivolidad es no preocuparse de la risa,
Del aceite de oliva, de las cosas pequeñas de la vida.
Estoico instante en el que vencí el miedo de incomodar al prudente.
Un desprecio basta
Para comenzar a observar la realidad del último mártir.